... y te decia ayer que ya no podría, que las ganas no salían y que tu mirada ya no era igual. Y como si creciera, desde el cielo el peso de mis ojos se situos inquisidor sobre los tuyos que se hundian en el piso y se dejaban al paso de los dias bajo la lluvia y las hojas; tu mirada enmohecía en segundos mientras la mia la abandonaba a su suerte. Ahora pago por mi altanería y comienzo a besar tus pies llenos de barro por la caminata que ha marcado tu regreso, un camino extraño que otra vez te trae aqui, de regreso a  escribir.