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Cap. 5

Historia regalada, que nació entre mis dedos y brotó de inspiración. Recuedo que solo cerré mis ojos y lo siguiente lo escribí. Solo este breve momento he guardado para mi, para enmarcarlo aquí en mi pared

....Ahora ambos bajo el umbral de la puerta cada cual mas descolocados por el momento, soñando momentos guardados. Un montón de hojas de muérdago sobre sus cabezas recuerdan el ambiente festivo, que por un momento se deshizo en las miles de horas de mutuo conocimiento, pero al que ambos deciden ignorar al conocer la leyenda que se cierne sobre él.

Para ambos son momentos confusos, incluso lo son para mi que tan solo los relato. sin embargo algo aun queda en su mirada. Ella mirando el lugar, iluminado por la claridad del día, desdibujando de su mente cuan grande o pequeño lo imaginó. El por su parte, solo tiene ojos para ellas, tan solo tendría que alzar sus manos para rozar sus cabellos, sentir lo terso de rostro o delinear con sus dedos su mirada. y aunque sus impulso lo insta a hacerlo, de súbito se coarta ante la sonrisa que de ella se escapa. Sus actos reflejos los omiten, los pasan por alto, no piensan, no razonan, no nada. Sus manos imantadas son punta de lanza hacia otro lugar. Arriba.

Momentos mas tarde se lamentará por la falta de cortesía; la arrastró a su lugar si mediar preguntas ni palabras galantes; esta vez sus ímpetus triunfaron pero no sin olvidar su esencia.

-Cierra tus ojos- le dijo, y ella obedeció sin emitir juicios, llevo sus manos a la cara y en el limbo de oscuridad avanzó. Del aire saco una rosa y frente a ella la posó, no lo tenia premeditado ni mucho menos, pero se la habia prometido ya mucho tiempo atras. Tan bella aun estaba que la imagen en su mente se perpetuó. Sin abrir los ojos a su pecho ella la llevó, no medito en las espinas, provablemente ni que era su rosa recordó.

Al fin frente a la puerta se escucho -por fin has llegado aun lugar que solo en tu mente conoces-.

...

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llamada...


Son las tres de la mañana y el vertiginoso avance del día se ha detenido para una reflexión: estoy solo… o sea, solo físicamente no en el sentido profundo. Solo, solo frente al computador, en una casa momentáneamente vacía y mi mente sin embargo está afuera, divagando, lejana, ida. La televisión repite las mismas ideas masculladas de la semana, y el tipo de las entrevistas ya es solo un ruido general. Reacciono a mis cavilaciones y sin pensarlo veo que mi mano ha comenzado a discar un número en la lista de mi celular, el mismo que he marcado las últimas dos semanas como si no tuviese otra alternativa. Es un acto reflejo de conexión, saber que puedo estar con ella a pesar de todo y la distancia. Suavemente se desliza el móvil y mis manos sudorosas se hacen latentes como lo han hecho siempre ante la expectación, como en las citas románticas, como la primera vez que escuche su voz. Pero nada es comparado a la repentina sequedad de la garganta que cual torrente va ganando terreno dentro de mi. No logro discernir si es lo lejano de la conexión o mi maldita impaciencia pero pareciesen largos minutos en un mundo inmóvil. Pasos en la calle me distraen levemente, no puede ser ella, es imposible pero no se, algo me sacude. Por fin la llamada logra entrar y lentamente escucho el tono; soy un niño llamado a otro mundo, cruzando frontera como en una nave espacial. Un tono, solo un tono y ya. Sabrá que soy yo quien la busca en medio de una noche que acaba, yo quien la llama a pesar de la distancia ignominiosa… yo. Pero nerviosismos absurdos se apoderan de mí, y mis dedos se escurren por las teclas que a mis ojos solo son manchones de luz. Y mi agitada respiración me sacude por segunda vez, y como ahogado por mi propia saliva que ha vuelto a surgir, veo que ya he cortado... sin darme tiempo a atrapar su voz, o tal vez antes de enredarme en la ilusión de sentir su aliento...

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