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Huellas

...lo escribí

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Mal digo



Te maldigo tiempo por serme esquivo, por que de sus tierras me exiliaste por que hablar de ti esta prohibido. Te maldigo tiempo que de sus días me alejaste, porque lloré las horas de lo no vivido, por no enseñarme a controlarte.
Te maldigo noche compañera, que nadé en tus aguas sin destino, sin reloj ni horario fino sin conocer la luz mañanera. Te maldigo noche por mentirme, seducirme y enredarme, por decirme que los días no corrían, por soñar sin siquiera acostarme.
Te maldigo distancia enrarecida, que eras grande y pequeña a tu antojo, que en ocasiones te perdías, mas en silencio crecías con arrojo. Te maldigo distancia por ser real, por escapar de la fantasía, por ser una medida racional y no una palabra que hiciese mía.
Me maldigo yo mismo por mal decir, por no saber hablar; por que mis letras no se entienden cuando te comienzo a extrañar. Me maldigo por no se fuerte, por que mi ilusión no creció en tu mundo, en tu presente, por dejar mi corazón inerte.
Maldigo finalmente a la conciencia, por que nada de esto es verdad, por que ella misma no miente, por que los errores se pagan a esta edad. Maldigo realmente a la conciencia por que ella devela al culpable, pronuncia mi nombre deseable y me destierra a la indiferencia.


Para quien quiera oir un sentir, lo siento.

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El Extraño de los cuartos



Visita ese cuarto todos los días, cada día, todo el tiempo. No por costumbre ni por matar el tiempo. Le gusta, podría decirse que es feliz en él, y así el lo siente, por que integra eso a su vida por completo. 

Mucho antes de saber que existiese, pasaba por las cercanías deambulando en busca de nada y de todo, con la sensación de no querer estar en un lugar. Negándose a quedarse en algo que se acercara a reconfortarlo.Desoyendo las voces que lo invitaban a anclar.

Pero un día algo sucedió; en un cuarto había un regalo, un regalo para él en gratitud por algo que no tenía en cuenta, un hecho vago pero real. Abría las ventanas de cada lugar que visitaba. Pero… ¿Quién podría agradecer eso?, una pequeña nota lo explicaba “gracias por compartir tu lugar y dejarlo ver”. Instintivamente corrió al dintel de la ventana y miro afuera, se sintió extraño, observado, tonto y avergonzado. Quiso cerrar la ventana, pero no pudo, una voz dulce lo detuvo. Un voz como si estuviese dentro de él. El hecho pudo haber sido solo un lindo recuerdo en el anecdotario de los días de no haber sido por una nueva visita y otro regalo envuelto en cintas de color. Y así en cada lugar donde abría un espacio para ver y ser visto; y sin saberlo buscaba ese lugar donde un día anidar. Un día vio las manos de quien dejaba sus regalos, otro día su torso, y otro su cabello. Descubrió lo hermosa que era sin ver su rostro y en ese mundo de cuartos la aguardó y la sigue aguardando. 

Hoy, corre por pasillos y habitaciones, abre ventanas de par en par, espera algún día su semblante divisar, mientras sigue recibiendo regalos y viendo desde su ventana como mundos se abren a sus pies. Mientras tantos, otros hemos aprendido a dejar nuestro paso en su rincón, con regalos o ventanas abiertas esperando el fin del frenesí.


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Sabes guardar un secreto?



Ahora que veo mi mano sobre tu mano, recuerdo lo jóvenes que fuimos y el tiempo que ha pasado dejando sus huellas indelebles sobre mi piel. Cada vez anhelo más momentos de paz como este, donde mi cuerpo exhausto anide junto al tuyo la vista de un nuevo amanecer. Ya mis cabellos blanquecinos delatan la nieve de los años vividos. En la quietud de este momento cuando tú yaces dormida, confieso un defecto. Desde aquel momento en que te conocí, el miedo ya había reclamado mi nombre haciendo tierra fértil de él para la semilla de los celos. Hoy mientras sostengo tu mano inmutable al paso de los años como la sonrisa en tus labios, miro esos días y saboreo aquel olvidado sabor.

Fueron días difíciles, en donde los segundos se hacían gigantes sin saber de ti, donde las llamadas se hacían esquivas y los sonidos mudos a mis oídos. Tus grandes ojos me sonríen mientras sueñas, y en aquel entonces mis sueños se eran frágiles al querer verte y descubrir despierto que no estabas ahí. Y no pensaba en la fila de galanes que asediaban tu puerta, como en aquellos años se solía hacer: una mano de frente dispuesta a coger otra mas tersa presta de asistencia, mientras la otra mano permanecía escondida con la fragancia de flores dispuestas a sorprender. Quizás no eran ellos los que afloraban en mis pensamientos, sino aquellos que gozaban de estar contigo, aquellos que sin saberlo gozaban de un tesoro ajeno a mis manos, en esos días, fuertes manos.

Mientras amanece el día y tú duermes, te cuento ese secreto, el de aquellos días lejanos de juventud. El secreto que para ti nunca fue secreto pues leías en mi ojos la verdad de mi sentir.

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Curioso del Tiempo



Cuando llegue ya estaba ahí, sentado y abstraído con la vista fija e imperturbable. No podría decir en que pensaba o que hacia, por que nada me lo indicaba. O quizás si, por que sostenía en su mano un reloj y su mirada giraba entorno a sus manecillas. Luego de unos minutos (largos minutos debo aclarar) cualquiera hubiera dicho que era un loco, uno de esos inofensivos que no dañan nadie mas que su propio entorno, pero no, no me lo pareció.
Mientras el humo del último cigarro no acababa de esfumarse por entre mis dedos pude notar una pequeña alteración en la singular rutina de aquel extraño. Miro su reloj y alzo la vista unos segundos atisbando a lontananza, y luego se hundió en si mismo una vez más. No tardo más de 9 segundos en ello, puedo saberlo por que instintivamente hice lo mismo tratando de ver lo que el no vió. Ilógico, si lo pienso, no sabia que debía de ver. Y no fue solo una vez, desde que lo vi, lo hizo una par de veces más cada una hora con inglesa exactitud. Por eso miraba la hora, de seguro algo debía de aparecer.

Los que me conocen, pueden asegurarlo: soy un curioso. Dos segundo me tomo idear una forma de acercarme; me pare junto a él para cruzar la calle, o cualquier otro motivo que me excusara de estar ahí, innecesario si lo medito mas tiempo, era un extraño que poco le importaba lo que hiciera yo. Como sea, fui hasta donde estaba y mire de reojo su reloj. Y aunque en un primer momento me impresionó, luego esa impresión desapareció. Tenía el reloj trizado, con su cristal hecho pequeños fragmentos unidos por sus propias astillas, y para mi asombro, inmóvil, con sus agujas quietas. ¿Cómo podía calcular la hora? ¿? ...En fin, y si bien mi zapato indicaba que cruzaría la calle en cualquier minuto, mi cuerpo se giro, y en un pestañeo volví a mi posición anterior.

Que estuviese roto explicaba el porque de estar tan ensimismado, de seguro se lo quebraron, un accidente, un intento de robo, quizá una caída. Además debió ser importante, un regalo de su novia o sus padres. Quizá su primer objeto de valor, incluso un regalo importante que querría dar…Quien sabe?, solo una forma de enterarme.

De frases tontas esta escrita la vida, pero no por eso dejamos de hacerla. Y la mía no escapa a esa regla: - ¿Me puedes decir la hora? – y al no recibir respuesta insistí, pero el silencio me dio en la cara como una brisa.

Luego y sin mirarme habló: – No puedo hacer eso mi reloj esta roto, yo mismo lo he roto. ¿Te preguntarás por qué?, bueno, porque es la única forma de detener el tiempo, y ahora es lo único que quiero.



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Pertenencias




De quien es el recuerdo de una herida, de quien osa provocarla y se hunde en la desdicha de una infamia o de quien resulta herido y guarda la marca como el sello de un error.


De quien es el silencio entre dos vidas, de quien calla enmudecido en circunstancias palpitantes o de quien rechaza oír sonidos colmados de verdad.


De quien es la distancia que separa los mundos, de quien cuenta en metros uno a unos sus pasos hacia el horizonte o de quien la recuerda en el día a día ensalzándola en la razón.


De quien son las lágrimas derramadas en sollozos, de quien las alimenta en pensamientos de dolor mientras se escurren por su cara o de quien las provoca e intenta secarlas pidiendo perdón. 
De quien es el brillo de una sonrisa, de quien la provoca con su simple presencia en un gesto de felicidad o de quien la ofrece a una mirada furtiva de complicidad. 




De quien es el placer de un beso, quien lo entrega clandestino en el fragor de un instante o quien lo recibe y lo vive eternamente atesorando una vez más.


De quien son los suspiros que entrecortan una respiración, de quien los vive en cada momento satisfecho con una sonrisa o de quien los incita con sucesos de pasión.


De quien es un sueño fundado en la ilusión, de quien lo vive y se sustenta de el o de quien es envuelto entre la fantasía y la realidad de un mundo lejano.


De quien es este insulso texto que abandono ahora, de quien lo inspira en una ajena realidad libre de fronteras o de quien lo recibe como letras erguidas en un instante de verdad.


Aquien le pertenezca, sabe que se lo dedico.


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Si quieres...



De Morfeo escóndeme, que viene por mí esta noche y me arranca de tus brazos. De la noche escóndeme, que se cuela por la ventana y me indica que debo partir sin más que una mirada. Del tiempo escóndeme, que con su sonido infinito no me deja oír tu voz que ahora llega a mi dulce como miel. De los días escóndeme que gritan su nombre en las voces de otros negándose a callar.

A mis letras muéstrame, que quiero sentirlas unas por una bajo tu inspiración. Tu sonrisa muéstrame, que verte feliz es la mejor sensación que he podido sentir. Tu mundo muéstrame, que saber que vivo tu vida, me hace contigo vivir. Y cuando falle, muéstrame, que enmendar mis errores por tus labios me hace querer mejorar.

Cuando te vea, cállame, que me envuelvo en tu belleza y no paro de hablar. Si te sueño, cállame, por que prefiero vivir despierto a tu lado que dormido en ilusiones una noche mas. Si te llamo, cállame, que entre nervios y sensaciones las palabras no puedo hilar. Y si te canto, cállame, que con mi voz no puedo expresar cuanto te puedo llegar a amar.

Escóndeme si quieres, muéstrame si quieres o cállame si quieres, pero no dejes de intentar venir una vez más.

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Explícito



Dime quien soy, dime si mi nombre te hace gracia, si reconoces el concierto de las letras al decirlo o si alguna vez haz sentido su magia.
Dime qué crees que soy, que imagen refleja mi rostro, si asocias mis formas a un pintor, o si te parezco detestable como un monstruo.
Dime si en el día me extrañas, si un vació no te deja pensar, si la noche se hace mas larga y no hayas como los minutos dejen de pasar.
Dime si presiono, si mis preguntas te hacen gritar, si la insistencia te nubla los pasos o si al silencio me quieres condenar.
Dime cuando me odias o si mi presencia no quieres ver más, si quieres descansar de mis palabras o si tan solo quieres paz.
Dime si me amas o si el sueño pretendes alcanzar, si la noche llena tu alma o si en este barco ya no te quieres embarcar.
Pero dime algo, aun cuando no sepas tu verdad, que cada vez que callas yo ya no se qué pensar.

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En la Carretera



Pero pudiste hablar con ella?- fue lo primero que pregunté. Noté su mirada perdida mientras conducía por la carretera y la claridad del día se perdía entre los arboles lejanos y sombríos. Los días grises no era buenos compañeros para bajos estados de ánimo.

Lo conozco hace años pero no deja de sorprenderme cada vez que lo veo así.

Puedo asegurar que lloró en la despedida, el drama le sienta, bueno a ambos, es difícil decir adiós y en su caso una palabra que no tiene mucho sentido.
-si, pero fue muy de improviso. Incluso ahora cuando ya partió no lo doy por un hecho concreto- dijo mientras sus ojos muy abiertos no veían nada, como si la monótona carretera no fuese suficiente para alejar la vista de la ventana.

Yo lo comprendo, a pesar de conocer los hechos a cabalidad; cuando no has mascullado la idea lo suficiente, no la puedes digerir tan fácil y se te queda atorada en la garganta; el problema es que en ocasiones nunca es suficiente apara aquello.
-pero… tu sabias que eso sucedería, de hecho tu mismo lo haces ahora, salir por un rato de la vida y desaparecer. Eso es lo bello de viajar... no?- y aunque mi intención era marcar una mueca de sonrisa en su cara, mis esfuerzos se estrellaron contra el pavimento que era escrutado por su mirada.


si, de hecho ella lo necesitaba y lo necesito, y me alegra, pero...- y volvió a callar.

Su rostro, normalmente alegre, ahora carecía de expresiones, llevaba sobre él una extraña mezcla de sueño, cansancio y pesar.
No quise seguir preguntando, no es difícil saber cuando su compromiso emosional va más allá del simple cariño: lo conozco tanto. Incluso callé cuando estiro su brazo para sacar el encendedor de braza encendida del auto para prender su cigarro, siempre fuma cuando una idea le retiene la cabeza. A través del cigarro puedo saber cuan emocional está, ya sea estando feliz o no lo estando.

al menos ella sabe que la amas, te conozco y se que en algún momento se lo dijiste, eso se te nota amigo- baje la velocidad lentamente y me detuve aun costado de la via. Lo mire y deposite todo mi estima sobre su hombro, como si mi mano transmitiera ese calor –ella lo sabía antes de viajar!- mi tono era fuerte y directo, creo que se lo dije para reafirmar aquello que él sabía mejor que yo.
Aspiro profundo una bocanada de aquel humo que sentía amargo y me dijo –se lo dije, pero nunca escuche una respuesta-.





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Cap. 5

Historia regalada, que nació entre mis dedos y brotó de inspiración. Recuedo que solo cerré mis ojos y lo siguiente lo escribí. Solo este breve momento he guardado para mi, para enmarcarlo aquí en mi pared

....Ahora ambos bajo el umbral de la puerta cada cual mas descolocados por el momento, soñando momentos guardados. Un montón de hojas de muérdago sobre sus cabezas recuerdan el ambiente festivo, que por un momento se deshizo en las miles de horas de mutuo conocimiento, pero al que ambos deciden ignorar al conocer la leyenda que se cierne sobre él.

Para ambos son momentos confusos, incluso lo son para mi que tan solo los relato. sin embargo algo aun queda en su mirada. Ella mirando el lugar, iluminado por la claridad del día, desdibujando de su mente cuan grande o pequeño lo imaginó. El por su parte, solo tiene ojos para ellas, tan solo tendría que alzar sus manos para rozar sus cabellos, sentir lo terso de rostro o delinear con sus dedos su mirada. y aunque sus impulso lo insta a hacerlo, de súbito se coarta ante la sonrisa que de ella se escapa. Sus actos reflejos los omiten, los pasan por alto, no piensan, no razonan, no nada. Sus manos imantadas son punta de lanza hacia otro lugar. Arriba.

Momentos mas tarde se lamentará por la falta de cortesía; la arrastró a su lugar si mediar preguntas ni palabras galantes; esta vez sus ímpetus triunfaron pero no sin olvidar su esencia.

-Cierra tus ojos- le dijo, y ella obedeció sin emitir juicios, llevo sus manos a la cara y en el limbo de oscuridad avanzó. Del aire saco una rosa y frente a ella la posó, no lo tenia premeditado ni mucho menos, pero se la habia prometido ya mucho tiempo atras. Tan bella aun estaba que la imagen en su mente se perpetuó. Sin abrir los ojos a su pecho ella la llevó, no medito en las espinas, provablemente ni que era su rosa recordó.

Al fin frente a la puerta se escucho -por fin has llegado aun lugar que solo en tu mente conoces-.

...

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llamada...


Son las tres de la mañana y el vertiginoso avance del día se ha detenido para una reflexión: estoy solo… o sea, solo físicamente no en el sentido profundo. Solo, solo frente al computador, en una casa momentáneamente vacía y mi mente sin embargo está afuera, divagando, lejana, ida. La televisión repite las mismas ideas masculladas de la semana, y el tipo de las entrevistas ya es solo un ruido general. Reacciono a mis cavilaciones y sin pensarlo veo que mi mano ha comenzado a discar un número en la lista de mi celular, el mismo que he marcado las últimas dos semanas como si no tuviese otra alternativa. Es un acto reflejo de conexión, saber que puedo estar con ella a pesar de todo y la distancia. Suavemente se desliza el móvil y mis manos sudorosas se hacen latentes como lo han hecho siempre ante la expectación, como en las citas románticas, como la primera vez que escuche su voz. Pero nada es comparado a la repentina sequedad de la garganta que cual torrente va ganando terreno dentro de mi. No logro discernir si es lo lejano de la conexión o mi maldita impaciencia pero pareciesen largos minutos en un mundo inmóvil. Pasos en la calle me distraen levemente, no puede ser ella, es imposible pero no se, algo me sacude. Por fin la llamada logra entrar y lentamente escucho el tono; soy un niño llamado a otro mundo, cruzando frontera como en una nave espacial. Un tono, solo un tono y ya. Sabrá que soy yo quien la busca en medio de una noche que acaba, yo quien la llama a pesar de la distancia ignominiosa… yo. Pero nerviosismos absurdos se apoderan de mí, y mis dedos se escurren por las teclas que a mis ojos solo son manchones de luz. Y mi agitada respiración me sacude por segunda vez, y como ahogado por mi propia saliva que ha vuelto a surgir, veo que ya he cortado... sin darme tiempo a atrapar su voz, o tal vez antes de enredarme en la ilusión de sentir su aliento...

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Belleza?

























Si de belleza fuese la tinta de este escrito, no veríamos palabras sino hechos.
Si de belleza estuviera escrita la mentira, me hundiría en la ficción de tenerte a mi lado.
Si de belleza se tiñese la lejanía, de rojo, morado o rosado pintaría nuestras distancias.
Si de belleza se llenaran las horas de ausencia, la espera no sería más eterna que un suspiro.
Si de belleza me nublaran tus evasivas, sería un ciego esquivando mis halagos.
Si de belleza transcurrieran los desvelos, insistiría aun más en buscar la madrugada.
Si de belleza se llenaran los adioses, no temblarían mis manos al caer cada día la noche.
Si de belleza estuviesen hechas las lágrimas, serian dignas de rodar por tus mejillas.
Si de belleza llenaras tus ojos, verías lo que yo cuando veo tu rostro.
Si de belleza se llenan mis oídos, sabré que es la voz que despierta mis sentidos.
Si de belleza fuese todos lo que escribo, tal vez esto nunca hubiese existido.